Mostrando entradas con la etiqueta texto resumen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta texto resumen. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de agosto de 2011

Resumen Primer tomo, sección primera, Capitulo 1 ( II parte)


3. La forma del valor o valor de cambio.

Las mercancías vienen al mundo bajo la forma de valores de uso u objetos materiales: hierro, tela, trigo, etc. Es su forma prosaica o natural.
Sin embargo, si son mercancías es por encerrar una doble significación: la de ser objetos útiles y, a la par, la de materializaciones de valor. Por tanto, sólo se presentan como mercancías, sólo revisten el carácter de mercancías, cuando poseen esta doble forma: su forma natural y la forma del valor. (pag.14)
Todo el mundo sabe, aunque no sepa más que eso, que las mercancías poseen una forma común de valor que contrasta de una manera muy ostensible con la abigarrada diversidad de formas naturales que presentan sus valores de uso: esta forma es el dinero.
Ahora bien, es menester que consigamos nosotros lo que la economía burguesa no ha intentado siquiera: poner en claro la génesis de la forma dinero, para lo cual tendremos que investigar, remontándonos desde esta forma fascinadora hasta sus manifestaciones más sencillas y más humildes, el desarrollo de la expresión del valor que se encierra en la relación de valor de las mercancías. Con ello veremos, al mismo tiempo, cómo el enigma del dinero se esfuma.
La relación más simple de valor es, evidentemente, la relación de valor de una mercancía con otra concreta y distinta, cualquiera que ella sea. La relación de valor entre dos mercancías  constituye, por tanto, la expresión más simple de valor de una mercancía.

A.  FORMA SIMPLE, CONCRETA Ó FORTUITA DEL VALOR


x mercancía A = y mercancía B, o bien: x mercancía A vale y mercancía B.
( 20 varas de lienzo = 1 levita, o bien: 20 varas de lienzo valen 1 levita)

1. Los dos polos de la expresión del valor: forma relativa del valor y forma equivalencial

En esta forma simple del valor reside el secreto de todas las formas del valor.
Dos mercancías distintas, A y B, en nuestro ejemplo el lienzo y la levita, desempeñan aquí dos papeles manifiestamente distintos. El lienzo expresa su valor en la levita; la levita sirve de material para esta expresión de valor. La primera mercancía desempeña un papel activo, la segunda un papel pasivo.
El valor de la primera mercancía aparece bajo la forma del valor relativo, o lo que es lo mismo, reviste la forma relativa del valor. La segunda mercancía funciona como equivalente, o lo que es lo mismo, reviste forma equivalencial.
Forma relativa del valor y forma equivalencial son dos aspectos de la misma relación, aspectos inseparables y que se condicionan mutuamente, pero también y a la par dos extremos opuestos y antagónicos, (pag.15) los dos polos de la misma expresión del valor; estos dos términos se desdoblan constantemente entre las diversas mercancías relacionadas entre sí por la expresión del valor.
Por tanto, el valor de lienzo sólo puede expresarse en términos relativos, es decir recurriendo a otra mercancía; o, lo que es lo mismo, la forma relativa del valor del lienzo supone como premisa el que otra mercancía cualquiera desempeñe respecto al lienzo la función de forma equivalencial. Y a su vez, esta otra mercancía que funciona como equivalente no puede desempeñar al mismo tiempo el papel de forma relativa de valor. No es su propio valor lo que ella expresa. Se limita a suministrar el material para la expresión de valor de otra mercancía.

2. La forma relativa del valor

a) Contenido de la forma relativa del valor (pag.16)
Al decir que las mercancías, consideradas como valores, no son más que cristalizaciones de trabajo humano, nuestro análisis las reduce a la abstracción del valor, pero sin darles una forma de valor distinta a las formas naturales que revisten.
La cosa cambia cuando se trata de la expresión de valor de una mercancía. Aquí, es su propia relación con otra mercancía lo que acusa su carácter de valor.  (pag.17)
Es la expresión de equivalencia de diversas mercancías la que pone de manifiesto el carácter específico del trabajo como fuente de valor, al reducir a su nota común, la de trabajo humano puro y simple, los diversos trabajos contenidos en las diversas mercancías.
La fuerza humana de trabajo en su estado fluido, o sea el trabajo humano, crea valor, pero no es de por sí valor.
Se convierte en valor al plasmarse, al cobrar  forma corpórea. Para expresar el valor del lienzo como cristalización de trabajo humano, tenemos necesariamente que expresarlo como un "algo objetivo" distinto corporalmente del propio lienzo y a la par común a éste y a otra mercancía. (pag.18)
El valor de la mercancía lienzo se expresa, por consiguiente, en la materialidad corpórea de la mercancía levita; o lo que es lo mismo, el valor  de una mercancía se expresa en el valor de uso de otra.
Por tanto, la relación o razón de valor hace que la forma natural de la mercancía B se convierte en la forma de valor de la mercancía A o que la materialidad corpórea de la primera sirva de espejo de valor de la segunda.
El valor de la mercancía A expresado así (pag.19)  es decir, expresado en el valor de uso de la mercancía B, reviste la forma del valor relativo.

b) Determinabilidad cuantitativa de la forma relativa del valor
Cuando tratamos de  expresar el valor de una mercancía, nos referimos siempre a determinada cantidad de un objeto de uso...Por tanto, la forma del valor no puede limitarse a expresar valor pura y simplemente, sino que ha de expresar un valor cuantitativo determinado, una cantidad de valor.
La relación “ 20 varas de lienzo = 1 levita ...” arranca del supuesto de que en 1 levita se contiene la misma sustancia de valor que en 20 varas de lienzo, es decir, del supuesto de que ambas cantidades de mercancías cuestan la misma suma de trabajo o el mismo tiempo de trabajo.
El valor relativo de la mercancía A, o sea, su valor expresado en la mercancía B, aumenta o disminuye, por tanto, en razón directa al aumento o disminución experimentados por la mercancía A, siempre y cuando que el valor de la segunda permanezca constante.(pag.20)
Por tanto, permaneciendo inalterable el valor de la mercancía A, su valor relativo, expresado en la mercancía B, aumenta o disminuye en razón inversa a los cambios de valor experimentados por ésta.
El valor relativo de una mercancía puede cambiar aún permaneciendo constante el valor de esta mercancía. Y viceversa, puede ocurrir que su valor relativo permanezca constante aunque cambie su valor. (pag.21)

3. La forma equivalencial

La forma equivalencial de una mercancía es, por si consiguiente, la posibilidad de cambiarse directamente por  otra mercancía.(pag.22)
Dos levitas  pueden expresar, por tanto, la magnitud de valor de 40 varas de lienzo, pero no pueden expresar jamás su propia magnitud de valor.
La primera característica con que tropezamos al estudiar la forma equivalencial es ésta: en ella, el valor de uso se convierte en forma o expresión de su antítesis, o sea, 11.-
del valor. (pag.23)
...la segunda característica de la forma equivalencial es que el trabajo concreto se convierte aquí en forma o manifestación de su antítesis, o sea, del trabajo humano abstracto.
Pero, considerado como simple expresión del trabajo humano en general, este trabajo concreto, el trabajo del sastre, reviste formas de igualdad con otro trabajo, con el trabajo encerrado en el lienzo, y es por tanto, aunque trabajo privado, como cuantos producen   mercancías, trabajo en forma directamente social.
Por tanto, la tercera característica de la forma equivalencial es que en ella el trabajo privado reviste la forma de su antítesis, o sea, del trabajo en forma directamente social.
Estas dos últimas  características de la forma equivalencial se nos presentarán todavía con mayor claridad si nos remontamos al gran pensador que  primero analizó la  forma del valor,  como tantas otras formas del pensamiento, de la sociedad y de la naturaleza.
Nos referimos a Aristóteles.
Ante todo, Aristóteles dice claramente que la forma-dinero de la mercancía no hace más que desarrollar la forma simple del valor, o lo que es lo mismo, la expresión del valor de una mercancía con otra cualquiera.
He aquí sus palabras:
"5 lechos = 1 casa"
“no se distingue" de
"5 lechos = tanto o cuanto dinero" (pag.25)
Aristóteles advierte, además, que la relación de valor en que esta expresión de valor se contiene es, a su vez, una relación condicionada, pues la casa se equipara cualitativamente a los lechos, y  si no mediase alguna igualdad sustancial, estos objetos corporalmente distintos no podrían relacionarse entre sí como magnitudes conmensurables.
"El cambio -dice Aristóteles- no podría existir sin igualdad, ni ésta sin la comensurabilidad".  Mas al llegar aquí, se detiene y renuncia a seguir analizando la forma del valor.
"Pero en rigor -añade- es imposible que objetos tan distintos sean conmensurables”, es decir, cualitativamente iguales. Esta equiparación tiene que ser necesariamente algo ajeno a la verdadera naturaleza de las cosas, y por tanto un simple "recurso para salir del paso ante las necesidades de la práctica.”
El propio Aristóteles nos dice, pues, en que tropieza al llevar adelante su análisis: tropieza en la carencia de un concepto del valor.
Aristóteles no podía descifrar por si mismo, analizando la forma del valor, el hecho de que en la forma de los valores de las mercancías todos los trabajos se expresan como  trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, porque la sociedad griega estaba basada en el trabajo de los esclavos y tenia, por tanto, como base natural la desigualdad entre los hombres y sus fuerzas de trabajo.
El secreto de la expresión de valor, la igualdad y equiparación de valor de todos los trabajos, en cuanto son y por el hecho de ser todos ellos trabajo humano en general, 12.-
sólo podía ser descubierto a partir del momento en que la idea de la igualdad humana poseyese ya la firmeza de un prejuicio popular. Y para esto era necesario llegar a una sociedad como la actual, en que la forma-mercancía es la forma general que revisten los productos del trabajo, en que, por tanto, la relación social preponderante es la relación de unos hombres con otros como poseedores de mercancías.
Lo que acredita precisamente el genio de Aristóteles es de haber descubierto en la expresión de valor de las mercancías una relación de igualdad.
Fue la limitación histórica de la sociedad de su tiempo la que le impidió desentrañar en que consistía,"en rigor", esta relación de igualdad.  

lunes, 15 de agosto de 2011

Resumen Primer tomo, sección primera, Capitulo 1 (I parte)

“ EL  CAPITAL ” de CARLOS MARX

Primer Tomo:

“EL PROCESO DE PRODUCCIÓN DEL CAPITAL”

SECCIÓN PRIMERA

MERCANCÍA Y DINERO

CAPÍTULO I

LA MERCANCÍA

1.      Los dos factores de la mercancía : valor de uso y valor
(sustancia y magnitud del valor)

La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un "inmenso arsenal de mercancías" y la mercancía como su forma elemental. Por eso, nuestra investigación arranca del análisis de la mercancía.
La mercancía es, en primer termino, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean. El carácter de estas necesidades, el que broten por ejemplo del estómago o de la fantasía, no interesa en lo más mínimo para estos efectos.
Ni interesa tampoco, desde este punto de vista, cómo ese objeto satisface las necesidades humanas, si directamente, como medio de vida, es decir como objeto de disfrute, o indirectamente, como medio de producción.
La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso.(pag.3)
Los valores de uso forman el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea la forma social de ésta. En el tipo de sociedad que nos proponemos estudiar, los valores de uso son, además, el soporte material del valor del cambio. (pag.4)
Ahora bien, si prescindimos del valor de uso de las mercancías estas sólo conservan una cualidad: la de ser productos del trabajo. Pero no productos de un trabajo real y concreto. Al prescindir de su valor de uso, prescindimos también de los elementos materiales y de las formas que los convierten en tal valor de uso.
Dejarán de ser una mesa, una casa, una madeja de hilo o un objeto útil cualquiera. Todas sus propiedades materiales se habrán evaporado.
Dejarán de ser también productos del trabajo del ebanista, del carpintero, del tejedor o  de otro trabajo productivo concreto cualquiera. Con el carácter útil de los productos del trabajo, desaparecerá el carácter útil de los trabajos que representan y desaparecen también, por tanto, las diversas formas concretas (pag.5) de estos trabajos, que dejarán de distinguirse unos de otros para reducirse todos ellos al mismo trabajo humano, al trabajo humano abstracto.
Por tanto, un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del trabajo humano abstracto. ¿Cómo se mide la magnitud de este valor? Por la cantidad de "sustancia creadora de valor", es decir, de trabajo, que encierra. Y, a su vez, la cantidad de trabajo que encierra se mide por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo,  tiene, finalmente, su unidad de medida en las distintas fracciones del tiempo: horas, días, etc.
Se dirá que si el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo invertida en su producción, las mercancías encerrarán tanto más valor cuanto más holgazán o más torpe sea el hombre que las produce o, lo que es lo mismo, cuanto más tiempo tarde en producirlas.
Pero no; el trabajo que forma la sustancia de los valores es trabajo humano igual, inversión de la misma fuerza humana de trabajo. Es como si toda la fuerza de trabajo de la sociedad, materializada en la totalidad de los valores que forman el mundo de las mercancías, representase para estos efectos una inmensa fuerza humana de trabajo, no obstante ser la suma de un sinnúmero de fuerzas de trabajo individuales.
Cada una de estas fuerzas individuales de trabajo es una fuerza humana de trabajo equivalente a las demás, siempre y cuando que presente el carácter de una fuerza media de trabajo social y dé, además, el rendimiento que a esa fuerza media de trabajo social corresponde; o lo que es lo mismo, siempre y cuando que para producir una mercancía no consuma más que el tiempo de trabajo que representa la media necesaria, o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario.
Tiempo de trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para producir un (pag. 6) valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la sociedad.
Por consiguiente, lo que determina la magnitud del valor de un objeto no es más que la cantidad de trabajo socialmente necesario o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción.
Mercancías que encierran cantidades de trabajo iguales o que pueden ser producidas en el mismo tiempo de trabajo representan, por tanto, la misma magnitud de valor.
La magnitud de valor de una mercancía permanecería, por tanto, constante, invariable, si permaneciese también constante el tiempo de trabajo necesario para su producción.
Pero éste cambia al cambiar la capacidad productiva del trabajo. La capacidad productiva del trabajo depende de una serie de factores, entre los cuales se cuentan el grado medio destreza del obrero, el nivel de progreso de la ciencia y de sus aplicaciones, la organización social del proceso de producción, el volumen y la eficacia de los medios de producción y las condiciones naturales.(pag.7)
Por lo tanto, la magnitud del valor de una mercancía cambia en razón directa a la cantidad y en razón inversa a la capacidad productiva del trabajo que en ella se invierte.
Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor.
Así acontece cuando la utilidad que ese objeto encierra para el hombre no se debe al trabajo. Es el caso del aire, de la tierra virgen, de las praderas naturales, de los bosques silvestres, etc. Y puede, asimismo, un objeto ser útil y producto del trabajo humano sin ser mercancía.
Para producir mercancías, no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para otros, valores de uso sociales. Para ser mercancía, el producto ha de pasar a manos de otro, del que lo consume, por medio de un acto de cambio.
Finalmente, ningún objeto puede ser un valor sin ser a la vez objeto útil. Si es inútil, lo será también el trabajo que éste encierra; no contará como  trabajo ni representará, por tanto, un valor.

2.  Doble carácter del trabajo representado por las mercancías.

Veíamos al comenzar que la mercancía tenía dos caras: la de valor de uso y la de valor de cambio. Más tarde, hemos vuelto a encontrarnos (pag.8)  con que el trabajo expresado en el valor no presentaba los mismos caracteres que el trabajo creador de valores de uso. Nadie, hasta ahora, había  puesto de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancía. Y como este punto es el eje en torno al cual gira la compresión de la economía política, hemos de detenernos a examinarlo con cierto cuidado.
La levita es un valor de uso que satisface una necesidad concreta. Para crearlo, se requiere una determinada clase de actividad productiva. Esta actividad está determinada por su fin, modo de operar, objeto, medios y resultado. El trabajo cuya utilidad viene a materializarse así en el valor de uso de su producto … es lo que llamamos…trabajo útil. Considerado desde este punto de vista, el trabajo se nos revela siempre asociado a su utilidad.
Del mismo modo que la levita y el lienzo son valores de uso cualitativamente distinto, los trabajos a que deben su existencia - o sea, el trabajo del sastre y del tejedor -  son también trabajos cualitativamente distintos.
Bajo el tropel de los diversos valores de uso o mercancías, desfila ante nosotros un conjunto de trabajos útiles no menos variados, trabajos que difieren unos de otros, en género, especie, familia, subespecie y variedad: es la división social del trabajo, condición de la vida de la producción de mercancías, aunque ésta no lo sea, a su vez, de la división social del trabajo.
Así, por ejemplo, la comunidad de la India antigua, supone una división social del trabajo, a pesar de lo cual los productos  no se convierten allí en mercancías. O, para poner  otro ejemplo: en toda fábrica reina una división sistemática del trabajo, pero esta división no se basa en el hecho de que los obreros cambien entre sí sus productos individuales. Sólo los productos de trabajos privados independientes  los unos de los otros pueden revestir en sus relaciones mutuas el carácter de mercancías.  (pág.9)
Los valores de uso, levita, lienzo, etc., o lo que es lo mismo, las mercancías consideradas como objetos corpóreos, son combinaciones de dos elementos: la materia, que suministra la naturaleza, y el trabajo.
El trabajo no es, pues, la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es, como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre. (pag.10)
Si prescindimos del carácter concreto de la actividad productiva y, por tanto, de la utilidad del trabajo, ¿qué queda en pie de él?  Queda, simplemente, el ser un gasto de fuerza humana de trabajo. El trabajo del sastre y el del tejedor, aún  representando actividades productivas cualitativamente distintas, tienen de común el ser un gasto productivo de cerebro humano, de músculo, de nervios, de brazo, etc.;  por tanto, en este sentido, ambos son trabajo humano. No son más que dos formas distintas de aplicar la fuerza de trabajo del hombre.
El trabajo humano es el empleo de esa simple fuerza de trabajo que todo hombre común y corriente, por término medio, posee en su organismo corpóreo, sin necesidad de una especial educación. El simple trabajo medio cambia, indudablemente, de carácter según los países y la cultura de cada época, pero existe siempre, dentro de una sociedad dada. El trabajo complejo no es más que el trabajo simple potenciado o, mejor dicho, multiplicado: por donde una pequeña cantidad de trabajo complejo puede equivaler a una can- (pág.11) tidad grande de trabajo simple.
Por muy complejo que sea el trabajo a que debe a su existencia una mercancía, el valor la equipara en seguida al producto del trabajo simple, y como tal valor sólo representa, por tanto, una determinada cantidad de trabajo simple. Las diversas proporciones en que diversas clases de trabajo se reducen a la unidad de medida del trabajo simple se establecen a través de un proceso social que obra a espaldas de los productores, y esto les mueve a pensar que son el fruto de la costumbre.
Por tanto, si con relación al valor de uso el trabajo representado por las mercancía sólo interesa cualitativamente, con relación a la magnitud del valor interesa sólo en su aspecto cuantitativo, una vez reducido a la unidad de trabajo humano puro y simple. En el primer caso, lo que interesa es la clase y calidad del trabajo; en el segundo caso, su (pag.12) cantidad, su duración.
Cuanto mayor sea la cantidad de valor de uso mayor será, de por sí, la riqueza material: dos levitas encierran más riqueza que una. Con dos levitas pueden vestirse dos personas: con una de estas prendas, una solamente, etc. … Sin embargo, puede ocurrir que a medida que crece la riqueza material, disminuya la magnitud de valor que representa.
Estas fluctuaciones contradictorias entre sí se explican por el  doble carácter del trabajo.  La capacidad productiva es siempre, naturalmente, capacidad productiva de trabajo útil, concreto. Y sólo determina, como es lógico, el grado de eficacia de una actividad productiva útil, encaminada a un fin, dentro de un período de tiempo dado. Por tanto, el trabajo útil rendirá una cantidad más o menos grande de productos  según el ritmo con que aumente o disminuya su capacidad productiva.
Por el contrario, los cambios operados en la capacidad productiva no afectan de suyo al trabajo que el valor representa.
Como la capacidad productiva es siempre función de la forma concreta y útil del trabajo.
trabajo, es lógico que tan pronto como se hace omiso de su forma concreta, útil, no afecte para nada a éste.
El mismo trabajo rinde, por tanto, durante el mismo tiempo, idéntica cantidad de valor, por mucho que cambie su capacidad productiva.
En cambio, puede arrojar en el mismo tiempo cantidades distintas de valores de uso, mayores o menores según que su capacidad productiva aumente o disminuya.
Como se ve, el mismo cambio operado en la capacidad productiva, por virtud del cual aumenta el rendimiento del trabajo y, por tanto, la masa de los valores de uso creados por éste, disminuye la magnitud de valor de esta masa total incrementada, siempre en el supuesto de que acorte el tiempo de trabajo necesario para su producción. Y a la inversa.
Todo trabajo es, de una parte, gasto de la fuerza humana de trabajo en el sentido fisiológico y, como tal, como trabajo humano igual o trabajo humano abstracto, forma el valor de la mercancía. Pero todo (pag.13)  trabajo es, de otra parte, gasto de la fuerza humana de trabajo bajo una forma especial y encaminada a un fin y, como tal, como trabajo concreto y útil, produce los valores de uso. 

domingo, 14 de agosto de 2011

Resumen del prologo y postfacio.

 “ EL  CAPITAL ” de CARLOS MARX

RESUMEN DEL PRIMER TOMO

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN  

La obra cuyo primer volumen entrego al público constituye la continuación de mi libro Contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859.
Aquello de que los primeros pasos son siempre difíciles, vale para todas las ciencias. Por eso el capítulo primero, sobre todo en la parte que trata del análisis de la mercancía, será para el lector el de más difícil comprensión.
He procurado exponer con la mayor claridad  posible lo que se refiere al análisis de la sustancia y magnitud del valor.
La forma del valor, que cobra cuerpo definitivo en la forma dinero, no  puede ser más sencilla y llana. Y sin embargo, el espíritu del hombre se ha pasado más de dos mil años forcejeando en vano por explicársela.
¿Por qué?
Porque es más fácil estudiar el organismo desarrollado que la simple célula.
En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos.
El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción.
La forma de mercancía que adopta el producto del trabajo o la forma de valor que reviste la mercancía es la célula económica de la sociedad burguesa.
Al profano le parece que su análisis se pierde en un laberinto de sutile-(pag.XIII) zas.
Y son en efecto sutilezas; las mismas que nos depara, por ejemplo, la anatomía micrológica.
Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor, no se podrá decir, por tanto, que este libro resulte difícil de entender.
Me refiero, naturalmente, a lectores deseosos de aprender algo nuevo y, por consiguiente, de pensar por su cuenta.
En la presente obra nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden.
Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos  alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. (pag.XIV)

Aunque una sociedad haya encontrado el rastro de la ley natural con arreglo a la cual se mueve - y la finalidad última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna -, jamás podrá saltarse ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo.
Podrá únicamente acortar y mitigar los dolores del parto.
Un par de palabras para evitar posibles equívocos.
En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color de rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de  relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas.
En la economía política, la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que otras ciencias no conocen. El carácter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. (pag.XV)
El tomo segundo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de las modalidades del proceso visto en conjunto (libro III); en el volumen tercero  y último (libro IV) se expondrá la historia de la teoría.*
Acogeré con los brazos abiertos todos los juicios de la crítica científica. En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que jamás he hecho concesiones, seguiré ateniéndome al lema del gran florentino:
Segui il tuo corso, e lascia dir le genti !
CARLOS MARX

Londres, 25 de julio de 1867.

* El libro IV que Marx no llegó a publicar, fue editado bajo el título “Historia Crítica de la Teoría de la Plusvalía”, Fondo de Cultura Económica, México 1945. (pag.XVI)

POSTFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN

En la primavera de 1872 se publicó en San Petersburgo una excelente traducción rusa del Capital. La tirada,  de 3.000 ejemplares, se halla casi agotada.
El Westnik Ievropi (“Mensajero Europeo”), en un artículo dedicado exclusivamente al método del Capital...después de transcribir unas líneas de mi prólogo a la Crítica de la (pag.XXI) economía política...en las que expongo la base materialista de mi método, el autor prosigue:
 “ Lo único que a Marx le importa es descubrir la ley de los fenómenos en cuya investigación se ocupa. Pero no sólo le interesa la ley que los gobierna cuando ya han cobrado forma definitiva y guardan entre sí una determinada relación de interdependencia, tal y como puede observarse en una época dada.
Le interesa además, y sobre todo, la ley que rige sus cambios, su evolución, es decir, el tránsito de una forma a otra, de uno a otro orden de interdependencia.
Una vez descubierta esta ley, procede a investigar en detalle los efectos en que se manifiesta dentro de la vida social…Por tanto, Marx sólo se preocupa de una cosa: de demostrar mediante una concienzuda investigación científica la necesidad de determinados órdenes de relaciones sociales y de poner de manifiesto del modo más impecable los hechos que le sirven de punto de partida y apoyo.
Para ello, le basta plenamente con probar, a la par que la necesidad del orden presente, la necesidad de un orden nuevo hacia el que aquél tiene inevitablemente que derivar, siendo igual para estos efectos que los hombres lo crean o no, que tengan o no conciencia de ello.
Marx concibe el movimiento social como un proceso histórico-natural regido por leyes que no sólo son independientes de la voluntad, la conciencia y la intención de los hombres, sino que  además  determinan  su   voluntad,  conciencia e intenciones…Basta fijarse en el papel tan secundario que el elemento consciente representa en la historia de la cultura y se comprenderá sin ningún esfuerzo que la crítica que versa sobre la misma cultura es la que menos puede tener por base una forma o un resultado cualquiera de la conciencia.
Por lo tanto, lo que puede servirle de punto de partida no es la idea, sino la manifestación externa, exclusivamente. La crítica tiene que limitarse a comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho. Lo que a la crítica le importa es, sencillamente, que ambos hechos sean investigados de la manera más escrupulosa posible y que formen real y verdaderamente, el uno respecto al otro, distintos momentos de desarrollo, y le importa sobre todo el que se investigue con la misma escrupulosidad la serie en que aparecen enlazados los órdenes, la sucesión y articulación en que enlazan las distintas fases del desarrollo.
Pero es, se dirá, que las leyes generales de la vida económica son siempre las mismas, ya se proyecten sobre el presente o sobre el pasado.
3.-
Esto es precisamente lo que niega Marx. Para él, no existen tales leyes abstractas…
Según su criterio, ocurre lo contrario: cada época-histórica tiene sus propias leyes…
Tan pronto como la vida supera una determinada fase de su desarrollo, saliendo de una etapa para entrar a otra, empieza a estar presidida por  leyes distintas. En una palabra, la vida económica nos brinda un fenómeno análogo al que nos ofrece la evolución en otros campos de la biología…
Los viejos economistas desconocían el carácter de las leyes económicas cuando las comparaban con las leyes de la física y la química ….Un análisis un poco profundo de los fenómenos (pag.XXII) demuestra que los organismos sociales se distinguen unos de otros tan radicalmente como los organismos vegetales y animales… Mas aún, al cambiar la estructura general de aquellos organismos, sus órganos concretos, las condiciones en que funcionan, etc., cambian también de raíz las leyes que los rigen.
Marx niega, por ejemplo, que la ley de la población sea la misma para todos los lugares y todos los tiempos.
Afirma, por el contrario, que toda época tiene su propia ley de población… Al cambiar el desarrollo de la capacidad productiva, cambian también las relaciones sociales y las leyes que las rigen. Trazándose como mira investigar y explicar el orden económico capitalista con este criterio, Marx se limita a formular con el máximo rigor científico la meta que toda investigación exacta de la vida económica debe proponerse… El valor científico de tales investigaciones estriba en el esclarecimiento de las leyes especiales que presiden el nacimiento, la existencia, el desarrollo y la muerte de un determinado organismo social y su sustitución por otro más elevado. Este es, indiscutiblemente, el valor que hay que reconocerle a la obra de Marx. ”
Pues bien, al exponer lo que él llama mi verdadero método de una manera tan acertada, y tan benévolamente además en lo que se refiere a mi modo personal de aplicarlo, ¿qué hace el autor sino describir el método dialéctico? ( pag.XXIII)

CARLOS MARX
Londres, 24 de enero de 1873
(pag.XXIV)   

sábado, 13 de agosto de 2011

Presentación Resumen hecha por Alejandro Yañez

PRESENTACIÓN

El año 2005 el programa “ En nuestro tiempo ” de la BBC de Londres hizo una encuesta entre sus auditores sobre quién era, a juicio de ellos, el filósofo más importante de la historia de la humanidad. Carlos Marx resultó el favorito, con un 28 % de los votos, muy por encima de Hume, que obtuvo el segundo lugar y por sobre Aristóteles, Descartes, Platón, Locke, Schoppenhauer, Kant, Confucio y Hegel. El organizador de la encuesta Melvin Bragg - en la que los oyentes estuvieron votando varios meses - y conductor del citado programa de la BBC, señaló que si bien el resultado fue sorprendente, a él no le extrañaba. “ Marx parece proveernos de análisis y respuestas a muchos de los problemas del mundo de hoy ” subrayó Bragg.
El mundo de hoy vive bajo una amenaza fatal: el calentamiento global. ¿ Tendremos los seres humanos la posibilidad de evitar nuestro autoexterminio, fruto del desarrollo espontáneo de la sociedad humana ?
La respuesta a esta dramática interrogante no puede ser puramente emocional, tiene que estar científicamente fundamentada.
¿ Es posible analizar de una manera científica a la sociedad humana, su desarrollo histórico, su realidad actual, prever e influir en su futuro?
Vivimos hoy en un sistema económico-social, el capitalismo, cuya variable independiente es el afán insaciable de ganancia de los monopolistas dueños del  capital transnacional.
La obra cumbre de Marx se llama “El Capital”. En ella, como él mismo lo dice en su Prólogo al Primer Tomo, “ nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden. Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos  alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. ”
Entrego a los lectores este Resumen del Primer Tomo. Se transcriben aquí, en forma textual, párrafos extraídos de la versión en español editado por el Fondo de Cultura Económica de México, traducido por Wenceslao Roces, tomando como referencia la séptima reimpresión efectuada en 1973. He tratado en este Resumen de exponer el argumento esencial que va desarrollando Marx sobre cada tema, eliminando los ejemplos, comentarios o referencias que ilustran lo que está explicando. Los subrayados en cursiva de Marx se destacan aquí en letra negrita. Cuando en un párrafo se han suprimido algunas palabras eso se indica con puntos suspensivos.

El número de la página correspondiente a dichos párrafos, cuando finaliza esa página, se escribe entre paréntesis. Las páginas del Prólogo y Postfacio se señalan en números romanos, pues así están en el original.
He estado durante 20 años enseñando “El Capital” de Carlos Marx. Primero en el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz-ICAL-, luego en la Universidad Arcis, en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, en la sede de la Fundación Gladys Marín y en otros lugares, en Santiago y en provincias. Estudié “El Capital” en el Instituto de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, con  el gran profesor, doctor en Economía,  don Anastasio Mansilla, de origen español, que llegó niño a Moscú como refugiado de la guerra civil española. Yo mismo estaba exiliado en la URSS cuando estudié esta obra y desarrollé en los años 80, en ese Instituto, mi tesis de Magíster sobre las teorías de Milton Friedman y su aplicación en Chile, siguiendo la metodología y los fundamentos de “El Capital”.
Ahora lo enseño donde deseen estudiarlo y he podido comprobar el interés que despierta entre los jóvenes y estudiantes de hoy.
Dedica esta obra Marx, como lo señala en el Prólogo, “a lectores deseosos de aprender algo nuevo y, por consiguiente, de pensar por su cuenta. ”
Para esos lectores he trabajado varios años haciendo este Resumen y les dedico este poema que me nació hace un tiempo, en medio de este trabajo:
Décima de “El Capital”
Si estudiar es tu deseo
dale ese gusto a tu alma
sólo así tendrás la calma
para leer lo que leo,
otro camino no veo
que tenga como final
lo que otorga agua y sal
llegando al conocimiento
de una obra que es portento
titulada “El Capital”.

                                                                             Alejandro Yáñez  Betancourt


Santiago de Chile, Mayo de 2008.-