miércoles, 23 de noviembre de 2011

Resumen Primer tomo, sección cuarta, Capitulo 11.

CAPÍTULO XI

COOPERACIÓN

Como veíamos, la producción capitalista comienza, en realidad, allí donde un capital individual emplea simultáneamente un numero relativamente grande de obreros; es decir, allí donde el proceso de trabajo presenta un radio extenso de acción, lanzando al mercado productos en una escala cuantitativa relativamente grande.
La producción capitalista tiene, histórica y lógicamente, su punto de partida en la reunión de un número relativamente grande de obreros que trabajan al mismo tiempo, en el mismo sitio ( o, si se prefiere, en el mismo campo de trabajo ), en la fabricación de la misma clase de mercancías y bajo el mando del mismo capitalista.
Por lo que se refiere al régimen de producción, vemos que la manufactura, por ejemplo, apenas se distingue en sus orígenes de la industria gremial del artesanado más que por el número de obreros empleados al mismo tiempo y por el mismo capital, número que en la manufactura es mayor. No se ha hecho más que ampliar el taller del maestro artesano.
Por tanto, en un principio, la diferencia es meramente cuantitativa.
Veíamos que la masa de plusvalía  producida por un capital dado era igual a la plusvalía rendida por cada obrero multiplicada por el número de obreros simultáneamente empleados.
El número de obreros no altera para nada...la cuota de plusvalía o grado de explotación de la fuerza de trabajo. Y, desde el punto de vista de la producción de valor de mercancías en general, parece que los cambios cualitativos operados en el proceso de trabajo debieran ser indiferentes. Así se desprende de la naturaleza del valor.
Si representamos por 6 chelines una jornada de trabajo de 12 horas, 1.200 jornadas de trabajo de 12 horas se representarán por 6 chelines  x  1.200. En el segundo caso, se incorporan al producto 12 x 1.200 horas de trabajo; en el primer caso, sólo se incorporan 12. En la producción de valor los muchos sólo cuentan como la suma de factores adicionados. Para estos efectos, lo mismo da, pues, que 1.200 obreros produzcan aislada o conjuntamente, bajo el mando del mismo capital.
Sin embargo, dentro de ciertos límites, la cosa cambia.
El trabajo materializado en el valor es trabajo de calidad social media, aplicación de una fuerza media de trabajo. Pero para obtener una magnitud media, es necesario reunir muchas magnitudes individuales diversas de la misma especie.
Dentro de la misma rama industrial, cada obrero individual, Pedro o Pablo, difiere más o menos del tipo medio de obrero. Estas divergencias individuales, que matemáticamente se llaman “errores”, se compensan y desaparecen  en cuanto se reúne un número relativamente grande de obreros. Y el famoso sofista y sicofante Edmund Burke llega a asegurarnos, como fruto de su experiencia práctica de colono, que basta (pag.259)  “un grupo tan insignificante” como 5 braceros para que se comprendan todas las diferencias individuales en el trabajo...No entraremos a discutir esto, pero lo cierto es que la jornada  total  de  trabajo de un número relativamente grande de obreros que trabajen simultáneamente, dividida por el numero de obreros empleados, representa de por sí una jornada de trabajo social medio. (pag.260)  
Por tanto, el empresario individual, si quiere acogerse íntegramente a la ley de la valorización, tiene que producir como capitalista, poniendo en acción desde el primer momento, trabajo social medio.
El empleo simultáneo de un número relativamente grande de obreros revoluciona también las condiciones objetivas del proceso de trabajo, aunque el régimen de trabajo no varíe.
Esto permite utilizar colectivamente en el proceso de trabajo los edificios en que se congregan muchos obreros, los almacenes para las materias primas, los recipientes, los instrumentos, aparatos, etc., que prestan servicio simultáneamente o por turno; en suma, toda una parte de los medios de producción.
De un lado, el valor de cambio de las mercancías, incluyendo por tanto los medios de producción, no aumenta  ni mucho menos porque se explote más intensivamente su valor de uso, y de otra parte, crece la escala de los medios de producción usados colectivamente.
El taller en que trabajan 20 tejedores con sus 20 telares tiene necesariamente que ser más espacioso que el cuarto en que trabaja un tejedor por su cuenta con dos oficiales. Sin embargo, el producir un taller para 20 personas cuesta menos trabajo que el producir 10 talleres para dos personas cada uno, por tanto, el valor de los medios de producción colectivos y concentrados en masa no aumenta en proporción a su volumen ni a su utilidad.
Los medios de producción empleados colectivamente transfieren al producto individual una parte más pequeña de valor, por dos razones: porque el valor total que transfieren se reparte entre una masa mayor de productos y porque estos elementos entran en el proceso de producción con un valor que, si bien en términos absolutos es mayor, en términos relativos y ateniéndonos a su radio de acción es más reducido.
De este modo, disminuye una parte integrante del valor del capital constante, disminuyendo también...en proporción a su magnitud, el valor total de la mercancía. El resultado es el mismo que si los medios de producción de la mercancía se produjesen más baratos.
Esta economía en el empleo de los medios de producción proviene exclusivamente de su aplicación colectiva en el proceso de trabajo de muchos.
Y para que revistan este carácter, como condiciones del trabajo social o condiciones sociales del trabajo, a diferencia de los medios de producción desperdigados y relativamente costosos de toda una serie de obreros o maestros artesanales independientes, basta con que coincidan geográficamente en los mismos locales muchos obreros, sin necesidad de que trabajen al unísono.
Una parte de los instrumentos de trabajo asume carácter social antes de que lo asuma el mismo proceso de trabajo. (pag.261)   
La economía de los medios de producción puede enfocarse... desde dos puntos de vista. Uno es el del abaratamiento de las mercancías, reduciendo con ello el valor de la fuerza de trabajo. Otro, aquel en que modifica la proporción entre la plusvalía y el capital total desembolsando, o sea, la suma del valor de los elementos constantes y variables de éste. Este último punto sólo podrá ser estudiado en la Sección primera del Libro tercero de esta obra, donde, por razones sistemáticas, trataremos de ciertos aspectos  que tendrían su lugar aquí. La marcha del  análisis  nos obliga a desarticular el tema, aparte de que este descoyuntamiento refleja el espíritu de la producción capitalista.
La forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un plan en el mismo proceso de producción o en procesos de producción distintos, pero enlazados, se llama cooperación.
...la suma mecánica de fuerzas de los diversos obreros es algo sustancialmente distinto de la potencia social de fuerzas que desarrollan muchos brazos coordinados simultáneamente en la misma operación indivisa: levantar un peso, hacer girar una manivela, retirar un obstáculo del camino, etc. En estos casos, el fruto del trabajo combinado no podría alcanzarse por el trabajo individual o sólo podría alcanzarse en un plazo de tiempo mucho más largo o en una escala diminuta.
La cooperación no tiende solamente a potenciar la fuerza productiva individual, sino crear una fuerza productiva nueva, con la necesaria característica de fuerza de masa.
Aparte de la nueva potencia de fuerzas que brota de la fusión de muchas energías en una, el simple contacto social engendra en la mayoría de los trabajos productivos una emulación y una excitación especial de los espíritus vitales, que exaltan la capacidad individual de rendimiento de cada obrero, razón por la cual doce personas reunidas rinden en una jornada simultánea de trabajo de 144 horas un producto total muy su- (pag.262) perior al que esos mismos obreros rendirían trabajando aisladamente durante 12 horas o al que tendría un obrero que trabajase 12 días seguidos.
La razón de esto reside en que el hombre es, por naturaleza, si no un animal político, como entiende Aristóteles, por lo menos un animal social.
Aunque los muchos obreros congregados ejecutan simultáneamente el mismo trabajo o un trabajo de la misma clase, puede ocurrir que los trabajos individuales de los distintos obreros, considerados como partes del trabajo colectivo, representen diversas fases del proceso de trabajo, fases que el objeto elaborado recorrerá rápidamente gracias a la cooperación. Así...cuando los peones albañiles forman una cadena de manos para subir los ladrillos desde el suelo hasta lo alto del andamio, cada peón realiza el mismo trabajo y, sin embargo, estos trabajos forman otras tantas partes continuas de una operación total, otras tantas fases que cada ladrillo tiene que recorrer en el proceso de trabajo y por medio de las cuales las 24 manos del obrero colectivo, suponiendo que sean 24, lo expiden a lo alto del andamio mucho más rápidamente de lo que lo harían  las dos manos de un solo obrero, que tuviese que subir y bajar al andamio cada vez. El objeto sobre que recae el trabajo recorre el mismo trecho en un espacio de tiempo  menor.(pag.263)
En los casos en que se trata de procesos de trabajo complejos, la simple existencia de una masa de obreros coordinados permite distribuir entre diversos brazos y, por tanto, ejecutar simultáneamente las diversas operaciones, acortándose con ello el tiempo de trabajo necesario para la fabricación del producto total. (pag.264)
De una parte, la cooperación permite extender el radio de acción del trabajo, siendo...indispensable en toda una serie de procesos de trabajo por la concatenación geográfica del objeto sobre que el trabajo recae: desecación de tierras, canalización, irri-gación, construcción de diques, calles, líneas ferroviarias, etc. De otra parte, este régimen permite reducir  en  el  espacio la zona de producción, en proporción a la escala de ésta.

La jornada de trabajo combinada produce cantidades mayores de valores de uso que produciría la suma de otras tantas jornadas de trabajo individuales, disminuyendo...el tiempo de trabajo necesario para conseguir una determinada finalidad útil. Unas veces, esta intensificación de la fuerza productiva proviene del hecho de que la jornada combinada aumenta la potencia mecánica del trabajo; otras veces, extiende su radio de acción, o reduce el campo geográfico de producción en proporción a la escala de ésta; otras, se trata de poner en acción mucho trabajo en poco tiempo, para aprovechar los momentos críticos.
Además, este régimen de trabajo fomenta la emulación entre los obreros y pone en tensión sus energías; da a los trabajos análogos de muchos un sello de continuidad y polifacetismo; permite ejecutar simultáneamente distintas operaciones; economiza medios de producción, permitiendo emplearlos colectivamente; imprime al trabajo individual el carácter de trabajo social medio: en resumen, la fuerza productiva específica de la jornada de trabajo combinada es la fuerza productiva social del trabajo o la fuerza productiva del trabajo social.
Esta fuerza productiva brota de la misma cooperación. Al coordinarse de un modo sistemático con otros, el obrero se sobrepone a sus limitaciones individuales y desarrolla su capacidad de creación.
Ahora bien; si ningún obrero puede cooperar directamente con otro (pag.265) sin trabajar junto a él, siendo por tanto la aglomeración de obreros dentro de un cierto espacio condición indispensable de la cooperación, los obreros asalariados no pueden cooperar a menos que los emplee simultáneamente el mismo capital, el mismo capitalista, para lo cual éste ha de comprar, simultáneamente también, sus fuerzas de trabajo.
Por tanto, el número de obreros que cooperen...depende ante todo del volumen de capital que el capitalista pueda invertir en comprar fuerzas de trabajo; es decir, de la medida en que cada capitalista disponga de los medios de subsistencia de muchos obreros.
Y lo mismo que con el capital variable, acontece con el capital constante.
La cooperación de obreros asalariados tiene...como condición material la concentración de grandes masas de medios de producción en manos de cada capitalista, y el alcance de la cooperación o la escala de producción depende del grado de concentración de estos elementos.
Con la cooperación de muchos obreros asalariados, el mando del capital se convierte en requisito indispensable del propio proceso de trabajo, en una verdadera condición material de la producción. Hoy, las órdenes del capitalista en la fábrica son algo tan indispensable como las órdenes del general en el campo de batalla.
Todo trabajo directamente social o colectivo en gran escala, requiere en mayor o menor medida una dirección que establezca un enlace armó-(pag.266)nico entre las diversas actividades individuales y ejecute las funciones generales que brotan de los movimientos del organismo productivo total, a diferencia de los que realizan los órganos individuales. Un violinista solo se dirige él mismo, pero una orquesta necesita  un director.
Esta función de dirección, de vigilancia y enlace, se convierte en función del capital tan pronto como el trabajo sometido a él reviste carácter cooperativo. Como función específica del capital, la función directiva asume también una importancia específica.
El motivo propulsor y la finalidad determinante del proceso de producción capitalista son, ante todo, obtener la mayor valorización posible del capital, es decir, hacer que rinda la mayor plusvalía posible y que, por tanto, el capitalista pueda explotar  con la mayor intensidad la fuerza de trabajo. Al crecer la masa de obreros empleados simultáneamente, crece su fuerza de resistencia, aumentando también...la presión del capital para vencerla.
El papel directivo del capitalista no es solamente una función especial que se desprende de la naturaleza del proceso social del trabajo...es también una función de explotación en el proceso social del trabajo, función determinante por el inevitable antagonismo entre el explotador y la materia prima de su explotación. Al crecer el volumen de los medios de producción que se enfrentan con el obrero asalariado como propiedad ajena, crece también la necesidad de fiscalizar su empleo, evitando que se malgasten o derrochen.
Desde un punto de vista ideal, la coordinación de sus trabajos se les presenta a los obreros como plan; prácticamente, como la autoridad del capitalista, como el poder de una voluntad ajena que somete su actividad a los fines perseguidos por ella.
Pero si, por su contenido, la dirección capitalista tiene dos filos, como los tiene el propio proceso de producción por él dirigido, los cuales son, de una parte, un proceso social de trabajo para la creación de un producto (pag.267) y de otra parte un proceso de valorización del capital, por su forma la dirección capitalista es una dirección despótica.
Al desarrollarse la cooperación en gran escala, este despotismo va presentando sus formas peculiares y características; primero, tan pronto como su capital alcanza un límite mínimo, a partir del cual comienza la verdadera producción capitalista, el patrono se exime de su trabajo manual; luego, confía la función de vigilar directa y constantemente a los obreros aislados y a los grupos de obreros a una categoría especial de obreros asalariados. Lo mismo que los ejércitos militares, el ejército obrero puesto bajo el mando del mismo capital, reclama toda una serie de jefes ( directores, gerentes, managers ) y oficiales ( inspectores, foremen, overlookers, capataces, contramaestres), que durante el proceso de trabajo llevan el mando en nombre del capital.
La labor de alta dirección y vigilancia va reduciéndose a su función específica y exclusiva.
El capitalista no es tal capitalista por ser director industrial, sino al revés: es director industrial por ser capitalista.
El alto mando sobre la industria se convierte en atributo del capital, como en la época feudal eran atributo de la propiedad territorial el alto mando en la guerra y el poder judicial. (pag.268)
Por consiguiente, la fuerza productiva desarrollada por el obrero como obrero social, es fuerza productiva del capital. Esta fuerza productiva social del trabajo se desarrolla gratuitamente tan pronto como los obreros se ven sujetos a determinadas condiciones, a que el capital los somete.
Y como la fuerza productiva social del trabajo no le cuesta nada al capital, ya que además, el obrero no la desarrolla antes de que su trabajo pertenezca al capitalista, parece a primera vista como si esa fuerza fuese una fuerza productiva inherente por  na-turaleza al capital, la fuerza productiva innata a éste.

La eficacia de la cooperación simple se acusa con rasgos colosales en las obras gigantescas de los antiguos asiáticos, egipcios, etruscos, etc. Para mover aquellas estatuas colosales y aquellas masas enormes, cuyo transporte causa asombro, se derrochaba trabajo humano, sin emplear apenas otro medio.
En la sociedad moderna, este poder de los reyes asiáticos y egipcios o de los teócratas etruscos pasa al capitalista, ya actúe como capitalista aislado o como capitalista colectivo, en forma de sociedad anónima.
La cooperación en el proceso de trabajo, que es la forma imperante en los comienzos de la civilización, en los pueblos cazadores, o en (pag.269)la agricultura de las comunidades indias se basa, de una parte, en la propiedad colectiva sobre las condiciones de producción y de otra parte en el hecho que el individuo no ha roto todavía el cordón umbilical que le une a  la comunidad o a la tribu, de la que forma parte como la abeja de la colmena. Ambas cosas distinguen este régimen del de la cooperación capitalista.
La forma capitalista presupone, por el contrario, desde el primer momento, la existencia de obreros libres y asalariados que venden su fuerza de trabajo al capital. Sin embargo, históricamente, esta forma se desarrolla por oposición a la economía agraria y al artesanado independiente, tenga o no éste forma gremial.
Y así como la fuerza productiva social del trabajo se presenta como fuerza productiva del capital, la cooperación aparece también como una forma específica del proceso capitalista de producción, que la distingue del proceso de producción de los obreros aislados o de los maestros artesanales independientes.
Es el primer cambio que experimenta el proceso efectivo de trabajo al ser absorbido por el capital. Este cambio se efectúa  de un modo elemental y espontáneo.
Su premisa, el empleo simultáneo de un número relativamente grande de obreros asalariados en el mismo proceso de trabajo, constituye el punto de arranque de la producción capitalista.
Históricamente, este momento coincide con el nacimiento del capital. Por tanto, si el régimen capitalista de producción se nos presenta, por una parte, como una necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social, de otra parte esta forma social del proceso de trabajo aparece como un método empleado por el capital para explotarlo con más provecho, intensificando su fuerza productiva.
En su forma simple, que es la que hasta aquí hemos venido estudiando, la cooperación coincide con la producción en gran escala, pero no constituye ninguna forma fija característica de una época especial en la historia del régimen capitalista de producción. (pag.270)
La cooperación simple sigue siendo la forma predominante en aquellas ramas de producción en las que el capital opera en gran escala, sin que intervenga de un modo considerable la división del trabajo ni la maquinaria.
La cooperación es la forma fundamental del régimen de producción capitalista, aunque en él su forma simple se presenta como forma especial, al lado de otras formas más complejas. (pag.271)

martes, 22 de noviembre de 2011

Resumen Primer tomo, sección cuarta, Capitulo 10.

SECCIÓN CUARTA

LA PRODUCCIÓN DE LA PLUSVALÍA RELATIVA

CAPÍTULO X


CONCEPTO DE LA PLUSVALÍA RELATIVA

Hasta aquí, hemos venido considerando la parte de la jornada de trabajo que se limita a producir un equivalente del valor de la fuerza de trabajo abonado por el capital como una magnitud constante, como lo es en realidad bajo determinadas condiciones de producción, al llegar a una cierta fase de desarrollo económico de la sociedad. Pero, después de cubrir este tiempo de trabajo necesario, el obrero puede seguir trabajando 2, 3, 4, 6 y más horas. De la magnitud de esta prolongación dependen, como veíamos, la cuota de plusvalía y la duración de la jornada de trabajo.
Por tanto, si el tiempo de trabajo necesario es constante, la jornada de trabajo total representa, por el contrario, una magnitud variable.
Tomemos ahora una jornada de trabajo cuya duración y cuya división en trabajo necesario y trabajo excedente  sean factores dados. Supongamos, por ejemplo, que la línea a c, o sea  a----------b--c representa una jornada de trabajo de 12 horas, el segmento a – b 10 horas de trabajo necesario y el segmento b – c 2 horas de trabajo excedente. ¿ De qué modo se puede acrecentar la producción de plusvalía, es decir, el trabajo excedente, sin alargar más la línea a – c o independientemente de cualquier otra prolongación de esta línea ?
Partiendo de los límites fijos de la jornada de trabajo a – c, la línea b – c puede prolongarse no desplazando su punto final c, que es intangible, puesto que constituye al mismo tiempo el punto final de la jornada, sino desplazando hacia atrás, hacia a, su punto inicial, b.
Supongamos que en la línea a---------b`-- b---c el segmento b`-- b equivale a la mitad de    b –- c o a una hora de trabajo. Si en la jornada de trabajo de 12 horas representada por la línea a – c el punto b pasa a ocupar el puesto de b`, el segmento b -– c se prolongará hasta adquirir las proporciones de b`-- c y el trabajo excedente aumentará en un 50%, de 2 horas a 3 horas, a pesar de mantenerse intacta, en sus 12 horas, la jornada de trabajo.
Pero, para que el trabajo excedente pueda prolongarse de  b -- c  a  b´ - c, de 2 horas a 3, es indispensable... que el trabajo necesario se comprima de a – b  a  a – b´, de 10 horas a 9 horas.
En estas condiciones, la prolongación del trabajo excedente  lleva aparejada la reducción del trabajo necesario; es decir, exige que una parte del tiempo de trabajo que el obrero venía empleando para sí mismo se convierta en tiempo de trabajo invertido para el capitalista. Lo que (pag.250) varía no es la longitud de la jornada de trabajo, sino su división en trabajo necesario y trabajo excedente.
Por otra parte, la magnitud del trabajo excedente va ya implícita...en la magnitud de la jornada y en el valor de la fuerza de trabajo, cuando estos dos factores son conocidos.
El valor de la fuerza de trabajo, es decir, el tiempo de trabajo necesario para su producción, determina el tiempo de trabajo necesario para la reproducción de su valor. Si una hora de trabajo, supongamos, se representa por una cantidad de oro de medio chelín, o 6 peniques, y el valor diario de la fuerza de trabajo asciende a 5 chelines, el obrero deberá trabajar 10 horas al día para reponer el valor diario de su fuerza de trabajo desembolsado por el capital o producir el equivalente del valor de los medios de vida necesarios para sostenerse durante un día. En el valor de estos medios de vida va implícito el valor de su fuerza de trabajo, y en el valor de ésta la magnitud de su tiempo de trabajo necesario.
Pero la magnitud del trabajo excedente  se obtiene descontando de la jornada total el tiempo de trabajo necesario. Si de doce horas quitamos diez, quedan dos, y no es fácil comprender que, en las condiciones que dejamos expuestas, pueda prolongarse el trabajo excedente más de dos horas.
Claro está que el capitalista  puede abonar al obrero, en vez de 5 chelines, 4 chelines y medio, o menos todavía... Mas para conseguir esto sólo hay un camino: hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de su fuerza de trabajo...Por el momento, este método, que desempeña un papel muy importante en el movimiento real de los salarios, queda excluido de nuestras consideraciones, por una razón: porque aquí partimos del supuesto de que las mercancías, incluyendo entre ellas la fuerza de trabajo, se compran y venden siempre por todo su valor.
Sentado esto, es evi-(pag.251) dente que el tiempo de trabajo necesario para producir la fuerza de trabajo o reproducir su valor no disminuirá por el mero hecho de que el salario del obrero quede por debajo del valor de su fuerza de trabajo, sino que para ello será indispensable que disminuya este mismo valor.
Dada la duración de la jornada de trabajo, el trabajo excedente sólo puede prolongarse reduciendo el tiempo de trabajo necesario, pero no al revés, acortarse el tiempo de trabajo necesario prolongando el trabajo excedente.
En nuestro ejemplo, para que el tiempo de trabajo necesario se reduzca en 1/10, de 10 horas a 9, y como consecuencia de ello, el trabajo excedente aumente de 2 horas a 3, es indispensable que el valor de la fuerza de trabajo disminuya también efectivamente en 1/10.
Pero, al descender en 1/10 el valor de la fuerza de trabajo, será necesario que la misma masa de medios de vida que antes se producía en 10 horas se produzca ahora en 9. Para ello, es indispensable que la capacidad productiva del trabajo aumente.
Ha de producirse, pues, una revolución en las condiciones de producción de su trabajo, es decir, en su régimen de producción y, por tanto, en el propio proceso de trabajo. Por aumento de la capacidad productiva del trabajo entendemos un cambio cualquiera sobrevenido en el proceso de trabajo, por virtud del cual se reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía; es decir, gracias al cual una cantidad más pequeña de trabajo adquiere potencia suficiente para producir una cantidad mayor de valores de uso.
Así, pues, mientras que hasta aquí,...partimos siempre de un régimen de producción dado, ahora que se trata de obtener plusvalía convirtiendo el trabajo necesario en trabajo excedente, no basta, ni mucho menos, que el capital se adueñe del proceso de trabajo en su forma tradicional, tal y como lo encuentra, limitándose a prolongar su 89.-
duración. Para conseguir esto, tiene que transformar las condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo, y, por tanto, el mismo régimen de producción hasta aumentar la capacidad productiva del trabajo, haciendo bajar de este modo el valor de la fuerza de trabajo y disminuyendo así la parte de la jornada de trabajo necesaria para la reproducción de ese valor.
La plusvalía producida mediante la prolongación de la jornada de trabajo es la que yo llamo plusvalía absoluta; por el contrario, a la que se logra reduciendo el tiempo de trabajo necesario, con el consiguiente cambio en cuanto a la proporción de magnitudes entre ambas (pag.252) partes de la jornada de trabajo, la designo con el nombre de plusvalía relativa.
Para que disminuya el valor de la fuerza de trabajo, el aumento de la capacidad productiva de éste tiene que afectar a ramas industriales cuyos productos determinen aquel valor y que, por tanto, figuren entre los medios de vida habituales o puedan suplirlos. Pero el valor de una mercancía no depende solamente de la cantidad de trabajo que le imprime la forma con que se lanza al mercado, sino que depende también de la masa de trabajo contenida en sus medios de producción. Así, por ejemplo, el valor de una bota no depende solamente del trabajo del zapatero, sino también del valor del cuero, del hilo, de la pez, etc. El aumento de la capacidad productiva y el correspondiente abaratamiento de las mercancías en aquellas industrias que suministran los elementos materiales del capital constante, los instrumentos de trabajo y los materiales para la elaboración de los medios de vida necesarios, contribuyen, por tanto, a hacer bajar el valor de la fuerza de trabajo. En cambio, si se da en ramas de producción que no suministran medios de vida necesarios ni medios de producción para fabricarlos, el aumento de la capacidad productiva deja intacto aquel valor.
Cuando, por ejemplo, un determinado capitalista abarata las camisas intensificando la capacidad productiva del trabajo, no es necesario que su intención sea, ni mucho menos, disminuir proporcionalmente el valor de la fuerza de trabajo y, por tanto, el tiempo de trabajo necesario,  pero sólo contribuyendo de algún modo a este resultado contribuirá a elevar la cuota general de plusvalía. No hay que confundir las tendencias generales y necesarias del capital con las formas que revisten.
Aquí no tratamos de analizar cómo se manifiestan en la dinámica (pag.253) externa de los capitales las leyes inmanentes de la producción capitalista, cómo se imponen como otras tantas leyes imperativas de la concurrencia y cómo, por tanto, se revelan a la conciencia del capitalista individual como motivos propulsores; pero lo que desde luego puede asegurarse, por ser evidente, es que para analizar científicamente el fenómeno de la concurrencia hace falta entender la estructura interna del capital, del mismo modo que para interpretar el movimiento aparente de los astros es indispensable conocer su movimiento real, aunque imperceptible para los sentidos.
Si representamos una hora de trabajo por una cantidad de oro de 6 peniques, o medio chelín, tendremos que en 12 horas de trabajo se producirá un valor de 6 chelines. Supongamos que, con una capacidad productiva dada, durante estas 12 horas de trabajo se elaboran 12 piezas de mercancía y que el valor de los medios de producción, materias primas, etc., consumidos para fabricar cada una de estas 12 piezas es de 6 peniques. En estas condiciones, cada mercancía fabricada  costará 1 chelín, del cual 6 peniques corresponderá al valor de los medios de producción empleados, y los 6 peniques restantes al valor nuevo creado por su fabricación. Supongamos ahora que un capitalista consigue duplicar la fuerza productiva del trabajo, produciendo al cabo de la jornada de doce horas 24 piezas en vez de 12. Si el valor de los medios de producción permaneciese invariable, el valor de cada mercancía descendería ahora a 9 peniques: 6 correspondientes al valor de los medios de producción empleados y 3 al nuevo valor que les añade el trabajo invertido.
Como se ve, a pesar de haberse duplicado la fuerza productiva, la jornada de trabajo sigue produciendo un valor nuevo de 6 chelines, aunque este valor se distribuya ahora entre el doble de productos que antes. A cada producto le corresponde, por tanto 1/24 en vez de 1/12 del valor total, o sean 3 peniques en lugar de 6; o dicho en otros términos, al transformarse en producto los medios de producción, éstos, calculando por piezas, sólo absorben media hora de trabajo en vez de una como antes.
El valor individual de esta mercancía sería inferior a su valor social, es decir, costaría menos tiempo de trabajo que la gran masa del mismo artículo producido en las condiciones sociales medias. Cada pieza de esta mercancía cuesta, por término medio, 1 chelín...representa 2 horas de trabajo social; al cambiar el régimen de producción, su costo se reduce a 9 peniques...sólo encierra 1,5 horas de trabajo.
Pero, el valor real de una mercancía no lo indica su valor individual, sino su valor social; es decir, no se mide por el tiempo efectivo que exige del productor en cada caso concreto, sino por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción.
Por tanto, si el capitalista montado sobre los nuevos métodos vende su mercancía por su valor social de 1 chelín, la venderá 3 peniques por encima de su valor individual, realizando así una plusvalía extraordinaria de 3 peniques. (pag.254) 
Mas, por otra parte, la jornada de trabajo de 12 horas, que antes arrojaba 12 piezas de la mercancía fabricada, ahora arroja, para él, 24. Por tanto, para dar salida al producto de una jornada de trabajo, este productor necesitará contar con doble demanda o con un mercado doblemente mayor.
Suponiendo que las demás circunstancias no varíen, sus mercancías sólo lograrán conquistar un mercado mayor a fuerza de reducir el precio. El fabricante colocado en esta situación se verá, pues, obligado a vender sus productos por encima de su valor individual, pero por debajo de su valor social, a 10 peniques la pieza por ejemplo. Esto le permitirá, a pesar de todo, sacar de cada pieza vendida un plusvalía extraordinaria de 1 penique. Y este beneficio extraordinario le favorece, aunque su mercancía no figure entre los medios de vida indispensables y aunque, por tanto, no contribuya a determinar el valor general de la fuerza de trabajo. Como se ve, aun prescindiendo de esta circunstancia, todo capitalista individual tiene sus motivos para abaratar las mercancías intensificando la fuerza productiva de trabajo.
El trabajo, cuando su fuerza productiva es excepcional, actúa como trabajo potenciado, creando en el mismo espacio de tiempo (pag.255)  valores mayores que el trabajo social medio de la misma clase.
Sin embargo, nuestro capitalista sigue calculando los mismos 5 chelines de antes por el valor de un día de fuerza de trabajo. Por tanto, el obrero sólo necesita, para reproducir este valor, que antes le costaba 10 horas,  71/5. Es decir, que su trabajo excedente es ahora 2 4/5 horas mayor y la plusvalía que produce aumenta de 1 chelín a 3.
Esto permite al capitalista que aplica métodos de producción perfeccionados apropiarse en forma de trabajo excedente una parte mayor de la jornada en comparación con los demás capitalistas de la misma rama industrial. Hace individualmente lo mismo que hace en grande y en conjunto el capital en la producción de la plusvalía relativa.
Pero esta plusvalía extraordinaria desaparece tan pronto como el nuevo método de producción se generaliza, borrándose con ello la diferencia entre el valor individual de las mercancías producidas en condiciones de mayor baratura y su valor social.
La misma ley de la determinación del valor por el tiempo de trabajo, que los capitalistas dotados de métodos nuevos perciben en el hecho de poder vender sus mercancías por menos de su valor social, obliga a sus competidores, por la fuerza de la concurrencia, a implantar los nuevos métodos de producción. Como se ve, todo este proceso sólo afecta a la cuota general de plusvalía cuando la intensificación de la fuerza productiva del trabajo  abarata aquellas ramas de producción y aquellas mercancías que figuran entre los medios de sustento necesarios influyendo, por tanto, en el valor de la fuerza de trabajo.
El valor de las mercancías esta en razón inversa a la fuerza productiva del trabajo. Y otro tanto acontece con el valor de la fuerza de trabajo, ya que éste se halla determinado por los valores de las mercancías. En cambio, la plusvalía relativa está en razón directa a la fuerza productiva del trabajo, aumentando cuando ésta aumenta, y disminuyendo cuando ella disminuye.
Por eso es afán inmanente y ten-(pag.256)dencia constante del capital reforzar la productividad de trabajo para de este modo abaratar las mercancías, y con ellas los obreros.
Al capitalista que la produce le tiene sin cuidado... el valor absoluto que la mercancía tenga. A él sólo le interesa la plusvalía que encierra y que puede realizar en el mercado. La realización de la plusvalía incluye ya por sí misma la reposición del valor que se desembolsó. El hecho de que la plusvalía relativa aumente en razón directa al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, mientras que el valor de las mercancías disminuye en razón inversa a este desarrollo, siendo, por tanto, el mismo proceso que abarata las mercancías el que hace aumentar la plusvalía contenida en ellas, nos aclara el misterio de que el capitalista, a quien sólo interesa la producción de valor de cambio, tienda constantemente a reducir el valor de sus mercancías, contradicción con la que uno de los fundadores de la economía política, Quesnay, torturaba a sus adversarios, sin  lograr obtener de ellos una contestación. Como se ve, en la producción capitalista, la economía del trabajo mediante el desarrollo de su fuerza productiva no persigue como finalidad, ni mucho menos, acortar la jornada de trabajo. Tiende simplemente (pag.257) a acortar el tiempo de trabajo necesario para la producción de una determinada cantidad de mercancías.
El hecho de que un obrero, al aumentar la fuerza productiva de su trabajo, pueda producir en una hora, supongamos, diez veces más mercancías que antes, necesitando por tanto diez veces menos tiempo para la fabricación de cada ejemplar de esta mercancía, no es, ni mucho menos, obstáculo para que continúe trabajando 12 horas, como hasta allí, aunque en las 12 horas produzca 1.200 piezas en vez de 120, que producía antes. Y hasta puede ocurrir que su jornada, lejos de disminuir, se alargue,  ha-ciéndole trabajar 14 horas para producir 1.400 piezas, etc.
En la producción capitalista, el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo tiene como finalidad acortar la parte de la jornada durante la que el obrero trabaja para sí mismo, con el fin de alargar de este modo la otra parte de la jornada, durante la cual tiene que trabajar gratis para el capitalista. (pag.258)  

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Resumen Primer tomo, sección tercera, Capitulo 9.

CAPÍTULO IX

CUOTA Y MASA DE PLUSVALÍA

En el presente capítulo suponemos, como ha venido haciéndose hasta aquí, que el valor de la fuerza de trabajo, o sea, la parte de la jornada de trabajo necesaria para la reproducción o conservación de la fuerza de trabajo, es una magnitud dada, una magnitud constante.
Sentado esto, veremos que la cuota de plusvalía nos indicará a la vez la masa de plusvalía que un determinado obrero rinde al capitalista en un período de tiempo dado. Así, por ejemplo, si el trabajo necesario representa 6 horas diarias, expresadas en una cantidad de oro de  3 chelines = 1 tálero, tendremos que 1 tálero es el valor diario de una fuerza de trabajo, o, lo que es lo mismo, el valor del capital desembolsado para comprar una fuerza de trabajo durante un día. Y si la cuota de plusvalía es del 100%, nos encontraremos con que este capital variable de 1 tálero producirá una masa de plusvalía de 1 tálero,...que el obrero rendirá una masa de plusvalía de 6 horas diarias.
Pero, sabemos que el capital variable es la expresión en dinero del valor global de todas las fuerzas de trabajo empleadas al mismo tiempo por el capitalista. El valor del capital variable será, por tanto, igual al valor medio de una fuerza de trabajo multiplicado por el número de las fuerzas de trabajo empleadas. Por consiguiente, sabiendo el valor de la fuerza de trabajo, la magnitud del capital variable estará en razón directa al número de obreros simultáneamente empleados.
Si suponemos que el valor diario de una fuerza de trabajo = 1 tálero, para explotar diariamente 100 fuerzas de trabajo será necesario desembolsar un capital de 100 táleros, y para explotar n fuerzas de trabajo un capital de n táleros.
Y...si un capital variable de 1 tálero, o sea el valor diario de una fuerza de trabajo, produce una plusvalía diaria de 1 tálero, un capital variable de 100 táleros producirá una plusvalía de 100, y un capital variable de n táleros producirá una plusvalía diaria de 1 tálero x n.
Por tanto, la masa de plusvalía producida es igual a la plusvalía que rinde la jornada de trabajo de cada obrero multiplicada por el número de obreros empleados.
Pero como, además, dado el valor de la fuerza de trabajo, la masa de plusvalía que produce cada obrero depende de la cuota de plusvalía, tenemos esta primera ley: la masa de plusvalía producida es igual a la magnitud del capital variable desembolsado multiplicado por la cuota de plusvalía, o lo que es lo mismo, se determina por la relación compleja entre el número de las fuerzas de trabajo explotadas simultáneamente por el mismo capitalista y el grado explotación de cada fuerza de trabajo de por sí.
Llamemos P a la masa de plusvalía, p a la plusvalía que rinde por término medio cada obrero al cabo del día, v al capital variable des-(pag.242)embolsado para comprar un día de fuerza de trabajo individual, V a la suma global del capital variable, f al valor medio de una fuerza de trabajo, a`/ a ( trabajo excedente / trabajo necesario ) a su grado de explotación y n al número de obreros empleados.

Tendremos, entonces la siguiente fórmula:

P  =  p / v   x   V
   ó
        P  =  f  x  a` / a   x   n

Damos constantemente por supuesto, no sólo que el valor de una fuerza de trabajo media es constante, sino que los obreros empleados por un capitalista son todos obreros de calidad media. Hay casos excepcionales en que la plusvalía producida no crece en proporción al número de obreros explotados; en estos casos, el valor de la fuerza de trabajo no es tampoco constante.
Puede, pues, ocurrir que, en la producción de una masa determinada de plusvalía, el descenso de un factor quede compensado por el aumento de otro. Si el capital variable disminuye, aumentando al mismo tiempo y en la misma proporción la cuota de plusvalía, la masa de plusvalía producida permanece invariable.
Como se ve, la disminución del capital variable puede compensarse aumentando proporcionalmente el grado de explotación de la fuerza de trabajo, y la disminución del número de obreros empleados prolongando proporcionalmente la jornada de trabajo.
Es decir que, dentro de ciertos límites, la afluencia de trabajo explotable por el capital es independiente de la afluencia de obreros. Y, por el contrario, la disminución de la cuota de plusvalía deja intangible la masa de plusvalía producida, siempre y cuando que aumenten en la misma proporción la magnitud del capital variable o el número de obreros empleados.
Sin embargo, la compensación del número de obreros o de la magnitud del capital variable mediante el aumento de la cuota de plusvalía o la prolongación de la jornada de trabajo, tiene sus límites, límites infranqueables. Cualquiera que sea el valor de la fuerza de trabajo, lo (pag.243) mismo si el tiempo de trabajo necesario para la conservación del obrero representa 2 horas que si representa 10, el valor total que un obrero puede producir, un día con otro, es siempre más pequeño que el valor en que se materializan 24 horas de trabajo, inferior a 12 chelines o 4 táleros, suponiendo que sea éste la expresión en dinero de 24 horas de trabajo materializadas.
El límite absoluto de la jornada media de trabajo, que es siempre, por naturaleza, inferior a 24 horas, opone un límite absoluto a la posibilidad de compensar la disminución del capital variable aumentando la cuota o el número menor de obreros explotados aumentando el grado de explotación de la fuerza de trabajo.
Esta segunda ley, bien palpable, es de importancia para explicar muchos fenómenos que brotan de la tendencia, que más tarde explicaremos, del capital a reducir todo lo posible el número de obreros por él empleados, o, lo que es lo mismo, su parte variable, invertida en fuerza de trabajo, en aparente contradicción con otra tendencia suya: la de producir la mayor masa posible de plusvalía. La realidad es la inversa. La masa de plusvalía producida, lejos de aumentar, disminuye al crecer la masa de fuerza de trabajo empleada, o sea, la magnitud del capital variable, si este aumento no guarda proporción con el descenso experimentado por la cuota de plusvalía. 
Una tercera ley es la que se desprende del hecho según el  cual la masa  de plusvalía producida está determinada por los dos factores cuota de plusvalía y magnitud del capital variable desembolsado. Dados la cuota de plusvalía o grado de explotación  de la fuerza de trabajo y el valor de ésta o la magnitud del tiempo de trabajo necesario, es evidente que cuanto mayor sea el capital variable tanto mayor será también la masa de valor y la plusvalía producidos. Dado el límite de la jornada de trabajo y dado también el limite del tiempo de trabajo necesario, la masa de valor y plusvalía que puede producir un capitalista determinado depende exclusivamente, como es natural, de la masa de trabajo que ponga en acción. Y ésta... depende siempre bajo los supuestos de que partimos, de la masa de fuerza de trabajo o del número de obreros que explote...condicionado por la magnitud del capital variable que este patrono desembolse.
Dada la cuota de plusvalía y dado también el valor de la fuerza de trabajo, las masas de plusva-(pag.244) lía producida se hallan, pues, en razón directa a las magnitudes del capital variable desembolsado.
Ahora bien; sabemos que el capitalista divide su capital en dos partes. Una la invierte en medios de producción. Es la que llamamos parte constante del capital. Otra la aplica a comprar fuerza de trabajo viva. Esta parte es la que forma el capital variable.
Aun siendo el mismo el régimen de producción, la división del capital en parte variable y constante difiere según las distintas ramas de producción. Y, dentro de la misma rama de producción, la proporción cambia al cambiar la base técnica y la combinación social del proceso de producción. Pero, la ley que dejamos sentada no se altera, cualesquiera que sean las proporciones en que se descomponga un capital dado en constante y variable, sean éstas de 1 : 2, de 1 : 10 o de 1 : x, ya que según nuestro análisis anterior, el valor del capital constante reaparece indudablemente en el valor del producto, pero no en el producto de valor de nueva creación. Para dar empleo a 1.000 hilanderos se necesitan, evidentemente, más materias primas, más husos, etc., que para emplear a 100. Pero no importa que el valor de estos medios de producción adicionales suba, baje, permanezca invariable, sea grande o pequeño, pues ello no influye para nada en el proceso de valorización de las fuerzas de trabajo que lo ponen en movimiento.
Por tanto, la ley formulada más arriba reviste esta forma: las masas de valor y de plusvalía producidas por capitales distintos están, suponiendo que se trate de valores dados y de grados de explotación de la fuerza de trabajo, en razón directa a las magnitudes de la parte variable de aquellos capitales, es decir, de las partes invertidas en fuerza de trabajo viva.
Esta ley se halla,… en contradicción con toda la experiencia basada en la observación vulgar. Todo el mundo sabe que el fabricante de hilados de algodón que, incluyendo el tanto por ciento del capital global desembolsado, invierte en proporción más capital constante que variable, no obtiene por ello una ganancia o una plusvalía menor que el panadero, a pesar de que éste pone en movimiento mucho más capital variable que constante. Y aunque no haya formulado nunca esta ley, la Economía clásica se aferra instintivamente a ella, por tratarse de una consecuencia obligada de la ley del valor. Lo que hace es esforzarse por sustraerla a las contradicciones de los fenómenos a fuerza de abstracciones violentas. Más adelante, veremos cómo la escuela de Ricardo se tambalea al tropezar con esta piedra de escándalo. La Economía vulgar, “incapaz de aprender nada”, se aferra aquí, como siempre, a las apariencias contra la ley que rige los fenómenos. (pag.245)
El trabajo puesto en movimiento un día con otro por el capital global de una sociedad puede ser considerado como una única jornada de trabajo. Así por ejemplo, si el número de obreros que trabajan es un millón y la jornada de trabajo media de un obrero de 10 horas, la jornada social de trabajo será de 10 millones de horas.
Partiendo de una duración dada de esta jornada de trabajo, ya se halle circunscrita por límites físicos o por límites sociales, la masa de plusvalía sólo puede aumentar aumentando el número de obreros, es decir, la población trabajadora. El incremento de la población constituye aquí el límite matemático con que tropieza la producción de plusvalía por el capital global de la sociedad. Y a la inversa. Partiendo de una magnitud de población dada, este límite lo traza la posible prolongación de la jornada de trabajo. En el capítulo siguiente veremos que esta ley sólo rige para la forma de plusvalía que venimos estudiando.
Del estudio que dejamos hecho de la producción de plusvalía se deduce que no todas las sumas de dinero o de valor pueden convertirse en capital, pues para ello es necesario que se concentre en manos de un poseedor de dinero o de mercancías un mínimum determinado de dinero o de valores de cambios.
La mínima expresión del capital variable es el precio de costo de una sola fuerza de trabajo empleada durante todo el año, un día con otro, para la obtención de plusvalía. Si este obrero contase con medios de producción propios y se bastase a sí mismo para vivir como obrero, sólo necesitaría trabajar el tiempo indispensable para reproducir sus medios de vida, v.gr., 8 horas diarias, y no necesitaría tampoco, por tanto, más que medios de producción para 8 horas al día.
En cambio, el capitalista, que además de estas 8 horas le hace rendir, supongamos, 4 horas diarias de trabajo excedente, necesita contar con una suma de dinero adicional para adquirir los medios de producción adicionales. Sin embargo, bajo el supuesto de que aquí partimos, para poder vivir como un obrero cualquiera de la plusvalía diaria acumulada, es decir, para poder cubrir sus necesidades más perentorias, necesitaría dar trabajo a dos obreros, por lo menos.
Si así fuese, la finalidad de su producción sería simplemente ganar para vivir y no incrementar su riqueza, como ocurre en la producción capitalista.
Para poder vivir doble de bien que un simple obrero y volver a convertir en capital la mitad de la plusvalía producida, tendría que multiplicar por ocho el número de obreros que emplea y el mínimo del capital desembolsado. Claro que también él puede intervenir directamente en el proceso de producción, como un obrero más, pero en ese caso no será más que un término medio entre el capitalista y el obrero: un “pequeño maestro” artesano.
Y al llegar a un cierto grado de desarrollo, la producción capitalista exige que el capitalista invierta todo el (pag.245) tiempo durante el cual actúa como capitalista, es decir, como capital personificado, en apropiarse, y por tanto en controlar el trabajo de otros, y en vender los productos de este trabajo.
El mínimum de suma de valor de que debe disponer un poseedor de dinero o de mer-cancías para transformarse en capitalista varía con las distintas etapas de desarrollo de la producción capitalista y, dentro de cada una de estas etapas, con las diversas esferas de producción, según las condiciones técnicas especiales imperantes en cada una de ellas.
Hay ciertas esferas de producción que ya en los orígenes del régimen capitalista exigen un mínimum de capital que aún no reúne ningún individuo. Esto determina, unas veces, la concesión de subsidios por el Estado a los particulares que emprenden tales industrias, como acontece en Francia en la época de Colbert y aun hoy en ciertos Estados alemanes, y otras veces la creación de sociedades dotadas de monopolio legal para la explotación (pag.247) de ciertas ramas industriales o comerciales, sociedades que son las precursoras de las compañías anónimas de nuestros días.
Dentro del proceso de producción, el capital va convirtiéndose en puesto de mando sobre el trabajo, es decir, sobre la fuerza de trabajo en acción, o sobre el propio obrero. El capital personificado, el capitalista, se cuida de que el obrero ejecute su trabajo puntualmente y con el grado exigible de  intensidad.
El capital va convirtiéndose, además, en un  régimen coactivo, que obliga a la clase obrera a ejecutar más trabajo del que exige el estrecho círculo de sus necesidades elementales. Como productor de laboriosidad ajena, extractor de plusvalía y explotador de fuerza de trabajo, el capital sobrepuja en energía, en desenfreno y en eficacia a todos los sistemas de producción basados directamente en los trabajos forzados, que le precedieron.
El capital comienza sometiendo a su imperio al trabajo en las condiciones técnicas históricas  en que lo encuentra. No cambia, por tanto, directamente, el régimen de producción.
De aquí que la producción de plusvalía en la forma que hemos venido estudiando...mediante la simple prolongación de la jornada de trabajo, se considerase independiente de todo cambio operado en el propio régimen de producción, siendo tan eficaz en la antiquísima industria panadera como en la moderna industria de los hilados de algodón.
Si analizamos el proceso de producción desde el punto de vista del proceso de trabajo, veremos que el obrero no se comporta respecto de los medios de producción como capital, sino como simple medio y material para su actividad productiva útil. En una tenería, por ejemplo, el obrero curtidor trata las pieles simplemente como el objeto sobre que versa su trabajo. No curte las pieles para el capitalista. La cosa cambia en cuanto enfocamos el proceso de producción desde el punto de vista del proceso de valorización. Los medios de producción se transforman inmediatamente en medios destinados a absorber trabajo ajeno. Ya no es el obrero el que emplea los medios de producción, sino que son éstos los que emplean al obrero. En vez de ser devorados por él como elementos materiales de su actividad productiva, son ellos los que lo devoran como fermento de su proceso de vida, y el proceso de vida del capital se reduce a su dinámica de valor que se valoriza a sí mismo.
Un horno de fundición o el edificio de una fábrica que por la noche descansen y no absorban trabajo vivo, representan para el capitalista una “pura pérdida” (mere loss). De aquí  que la (pag.248) posesión de hornos de fundición y de edificios fabriles dé a su poseedor títulos para “exigir” de las fuerzas de trabajo la prestación de “trabajo nocturno”. La simple transformación del dinero en factores materiales del proceso de producción, en medios de producción, transforma a éstos en títulos jurídicos y en títulos de fuerza que dan a quien los posee derecho a reclamar de los demás trabajo y plusvalía. (pag.249)